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Marcha por la vida 03 de junio 2017

Marcha por la vida 03 de junio 2017

martes, 7 de abril de 2015

Miguel Ángel Yusta: "Sin amor no es posible la vida"



Yusta:

Miguel Ángel Yusta publica un nuevo poemario: ‘De silencio y luz’ (Lastura), un libro en cuatro tiempos con el amor como tema esencial. El poeta, especialista en ópera y en coplas de jotas y colaborador asiduo de HERALDO, explica las claves del volumen.

-‘De silencio y luz’ lleva una frase inquietante: “Para que no puedan matarme de nuevo”. ¿A qué se refiere? ¿Quién le ha matado, quién ha matado al poeta?

La vida, sus avatares, nos mata en algunos sentidos muchas veces; lo que pasa es que resucitamos, nos ponemos de pie de nuevo y reanudamos el camino. La fuerza interior, los valores y el afán de sobrevivir nos mueven a ello: revivir, reinventarse y caminar, siempre caminar. Al poeta, por otra parte, pueden “matarle” muchas cosas que no le gustan de nuestra sociedad; por ello la poesía ha de ser, también, contrapeso de sensibilidad y belleza o, claro está, arma de lucha, crítica y testimonio, para mejorar el mundo que nos rodea.

-Joaquín Sánchez Vallés, un virtuoso de la lírica, dice que eres un gran poeta. Eso, ¿asusta, es una responsabilidad o lo toma como un cumplido de amigo?

Joaquín es un gran amigo y un maestro, pero por eso mismo y porque conozco su manera de ser, sé que no es proclive en sus palabras al elogio ni a la crítica gratuitos. Si esa es su opinión, a mí me llena de satisfacción por venir de alguien que sabe, dada su cualidad de profesor y escritor, de qué está hablando...

-Sánchez Vallés explica el sentido del título: viene a decir que los amantes hallan el placer o el gozo en silencio y que la luz es la consumación de su amor. ¿Lo pensó así o querría matizar algo más?

Estoy totalmente de acuerdo en esa apreciación. Es útil el silencio: lejos del griterío y el bullicio se degustan más los placeres del amor. La luz es símbolo de plenitud aunque a veces, para que llegue, ha de transcurrir una larga noche. Pero siempre amanece y se hace la luz.

-¿Por qué se escribe tanto y tanto de amor?

El amor es un tema eterno del hombre, una cuestión que ha de plantear y resolver cada día, cada hora. Sin amor no es posible la vida. La poesía lírica descubre los entresijos del alma, hace el mundo más habitable y bello. El poeta dice: “Mirad mi amor, que también es mi sufrimiento, mi grito ante la injusticia o mi deseo de paz”. El amor lo contiene todo. Ya lo dijo el Fénix de los Ingenios: “Quien lo probó, lo sabe”.

-¿Quiere ser ‘De silencio y luz’ un poemario de la plenitud?

Claro que no; es un paso más en el camino que recorremos y donde en cada momento podemos encontrar la necesidad de decir algo, de comunicarnos... o de guardar prudente silencio.

-¿Estaría de acuerdo que este es un libro feliz, un libro del cuerpo, de los gestos habituales de la pasión: el beso, la caricia, el abrazo, el coito?

En el camino que recorre el poemario hay estancias felices, otras luminosas o sombrías... Hay reflexión, melancólica evocación y, claro, con lenguaje poético, referencias al lenguaje físico del amor, no al genitalismo, que es bien distinto.

-¿Existe una estación más propicia del amor que otras? Lo digo porque todas andan por el libro con especial significado.

Aunque suene a tópico, se dice siempre que, por estas latitudes, la primavera es la estación idónea para el amor. No obstante, las estaciones son imágenes y, depende del momento en que se escribe o que provoca un poema, la imagen ‘estacional’ es una u otra, lo que hace de ellas uno más de los recursos expresivos del verso.

-¿Qué vínculo existe para usted entre el amor y la noche?

En sentido poético, La noche está en íntima relación con el silencio, al hilo del título. Por otra parte yo, particularmente, soy un noctámbulo. Me gusta la noche, con su halo de silencio y misterio, para escribir, para vivir, para beber y, claro, para amar y hacer el amor.

-¿Y entre la música y el amor?

La poesía y la música están íntimamente relacionadas. El lenguaje poético es música, ritmo y cadencia. En el amor también tiene una importancia fundamental la música, cierta música. Nos acompaña, nos trae recuerdos y vivencias y enriquece el lenguaje amoroso.

-¿Qué le debe la disposición del libro a una partitura, a una pieza musical?

La mayoría de las obras musicales -óperas, sinfonías- tienen una estrecha relación con historias de amor, ya se representen cantadas o se describan musicalmente. He organizado el libro en cuatro tiempos, como una sinfonía, con tres “intermezzos” donde se incluyen ligeros “micropoemas” y que marcan, como los intermedios o pausas de acto en música, pequeños paréntesis o intervalos para diferenciar los diversos estadios de la obra.

-Dice: “No me digas jamás que no me amas”. ¿Se lo han dicho mucho?

El final del amor es una real posibilidad y en cualquier caso es una ruptura, bien porque se acaba el amor entrambos o porque uno de los amantes decide que ya no ama. Lo ideal sería que jamás terminase el amor, que jamás hubiera que decir “ya no te amo”, pero...

-¿En qué consiste “sangrar desolación”?

Es una imagen poética. Creo que muestra de manera eficaz el desamparo, el dolor e incluso la angustia de quien se siente abandonado por el amor.

-¿Cómo nacen sus imágenes?

Surgen en el poema. Cuando se quiere expresar en lenguaje poético hay que trabajarlo y hacerlo así, si no no habría poesía sino un lenguaje “prosaico” muy válido, desde luego, pero alejado de la excelencia que ha de perseguirse e intentarse en poesía, con imágenes, figuras, emoción, ritmo, musicalidad... La poesía es, decía la recordada Ana María Navales, la más difícil y laboriosa manera de escribir.

-¿Qué le pide a la poesía?

Que me acompañe hasta el día final de mi camino, hasta la llegada, y que pueda transmitir, con honestidad y trabajo, sensaciones que el lector sienta como suyas. Que a veces levante la vista del libro y quede, pensativo, mirando a lo lejos, saboreando el poema, meditándolo.

-¿Por qué ha elegido a Rosendo Tello para que presentase tu libro?

Rosendo Tello es actualmente el patriarca de las letras aragonesas y reconocido poeta y ensayista. No tiene hoy enfermedad alguna, sino las secuelas de un accidente cerebral vascular que no le impiden seguir en plena capacidad intelectual, aunque sí expresarse oralmente y escribir con sus manos. Para ello tiene voces y manos familiares y amigas -un recuerdo especial para su esposa Maribel, su voz- que sustituyen esas carencias. Escribe, publica y, como tantas otras personas con alguna discapacidad física, debe ser considerado en sus capacidades intelectuales (que le definen y desarrolla con normalidad) e invitado a cuantos actos desee participar. El que haya aceptado presentar mi libro es para mí un orgullo y ese momento constituye, principalmente, un acto de amistad y homenaje al amigo, al poeta y al maestro.

FICHA

De silencio y luz. Miguel Ángel Yusta. Prólogo de Joaquín Sánchez Vallés. Madrid, 2015. 78 páginas. [Esta tarde, a las 19.30, presentación en la FNAC en compañía de la editora Lidia López Miguel y el poeta y profesor Rosendo Tello Aína.]

El amor de Frida Kahlo y un artista español



Él le daba una clase de amor que no había experimentado antes. Era apasionado, carnal, pero también tierno. Así se lo dijo ella, que en sus cartas ya no era Frida Kahlo, sino Mara. Y él no era Josep Bartolí, aquel artista español que tuvo que huir de la Guerra Civil y sobrevivir a campos de concentración, sino Sonja —nombre de mujer y le respondía desde Nueva York. En esa ciudad se subastan el 15 de abril las más de 25 misivas inéditas que la artista mexicana envió a su amante entre 1946 y 1949 en las que, además, le habla de un embarazo hasta ahora desconocido.
En una carta del 46 la artista confiesa haber tenido un retraso en su período. Y entonces aparece la Kahlo más cursi: "¿Podrías imaginarte un pequeño Bartolí o una Marita?"


Una de las cartas escritas por Kahlo a Bartolí. / DOYLE NEW YORK
Inmovilizada en una cama de Nueva York, esperando una difícil operación en su columna vertebral, conoció a Bartolí gracias a su hermana. Cristina, que había acompañado a Kahlo al hospital, los presentó y él la visitó los días que estuvo ingresada. Cuando se recuperó y regresó a México, comenzaron una intensa correspondencia. Siempre firmando con nombre de mujer para evitar las sospechas de su marido. "Rivera toleró el amor de Kahlo con otras mujeres, pero era tremendamente celoso con los hombres", explica Hayden Herrera, biógrafa de Frida Kahlo.
La casa Doyle, encargada de la subasta, explicó que las misivas contienen varios dibujos, fotografías, flores prensadas y otros recuerdos. Entre todas suman más de 100 páginas. Bartolí guardó la correspondencia con Kahlo hasta su muerte en 1995 y posteriormente su familia las vendió a su actual dueño, quien la subasta ahora. Se espera que las cartas se coticen entre 80.000 y 120.000 dólares.
Kahlo habla en sus textos también sobre algunas de sus pinturas más conocidas, de su tormentosa relación con el muralista mexicano Diego Rivera, de cuánto le costaba dibujar por su enfermedad y de la soledad que sentía. En una carta fechada el 12 de diciembre de 1946, la artista cuenta: "Estoy trabajando lentamente, pero con mucho gusto. Terminé un dibujo que le debía a Marte R. Gómez, y no es demasiado feo". 


Una de las cartas de Frida Kahlo a Bartolí. / DOLYLE NEW YORK
Hayden Herrera, advierte que las cartas hacen sentir cierta claustrofobia, tanta como la que debía sentir ella en su vida. Y utiliza a Bartolí para cierto chantaje emocional: "Le promete que va a mejorar para él, que solo él puede hacerla feliz y que él es el apoyo sin el cual no podría pintar", apunta Herrera. 
En octubre de 1946 Kahlo escribió: "Mi Bartolí... no sé cómo escribir cartas de amor. Pero quiero decirte que mi ser está abierto para ti. Ya sabes, mi cielo, tu llueves sobre mí y yo, como la tierra, te recibo.Mara".

Casi 100 años de amor


Lo primero que mencionaron fue su pueblo, ambos y al unísono. Porque si ya es un triunfo haber llegado a los 97 años, en el caso de él, Fernando Barrio, y a los 94 ella, Jerónima Jodra, otra victoria esllevar 74 años casados, pero es que, además, se conocen desde que eran pequeños. Fueron vecinos, vivían en la misma calle de la zamorana localidad de Manganeses de la Lampreana. Casi un siglo de amor, casi 100 años juntos, Jerónima y Fernando, un tiempo compartido que les convierte en el matrimonio más longevo de España.
Contada así, parece que la suya fuera una historia de sencillo enamoramiento, pero nada de eso. Crecieron cerca el uno del otro pero, antes de que terminaran de hacerlo, en España era 1936. A Fernando, con 18 años, le tocó lo que hace tiempo que en España no le toca a nadie: ir a la guerra.
Ya estaba enamorado de Jerónima pero no quiso comprometerse, por si a la muerte se le ocurría acercarse. Cuando regresó a Manganeses de la Lampreana ya tenía 20 años y lo primero que hizo fue preguntar a un amigo común "si Jerónima estaba entretenida con alguien".
Jerónima no, no estaba entretenida con nadie, y es por eso que esta historia puede contarse. El relato de casi un siglo hecho por ellos mismos sucede en la casa en la que viven desde 1964, en el barrio de Horta, en Barcelona. Hasta la ciudad catalana se marcharon tras casarse, en 1941. Los primeros años les acogió un hermano de Fernando pero, pronto, volaron a una zona de casas bajas que ya no existen. Ellos las vieron construirse y derrumbarse, y siguen en pie.
"Me levanto sobre las siete de la mañana y preparo el desayuno a mi esposa", empieza él. "Leche caliente y tostadas, antes ponía cinco, ya le he dicho que son demasiadas, ahora tomamos cuatro", prosigue ella. Fernando tiene un hablar pausado, y ella es su contrapunto. Si él se extiende en el relato, ella pide voz: "Ahora déjame hablar a mí".
"Cuando él se va tengo miedo, no por mí, sino por él, de que vaya sólo por ahí, de que le pueda pasar algo". Jerónima tiene artrosis y usa bastón pero, a menudo, cuando anda por casa haciendo cosas, se le olvida en cualquier esquina. En 2011 pasó un tiempo en el hospital, pero nada más. Juntos no suman ni dos enfermedades. Y no han tenido que abandonar su casa, ni irse a vivir a una residencia. Siguen como siempre.
Es su hijo, Jacinto, y su nuera, Isabel, los que están atentos a su devenir diario, así como sus tres nietos y sus tres bisnietos. Fernando sale por la mañana "a la plaza a por el pan, o lo que haga falta" y, mientras tanto, "Jerónima hace las camas". Ella dice que "se adapta a todo", él que "ha tenido una vida que ha llevado bien". Antes de la Guerra Civil, cuando ellos ya eran adolescentes, comenzaron a gustarse durante una representación de los Hermanos Álvarez Quintero en su pueblo. Ella interpretaba a una gitana, y él a un loco.
Ambos tuvieron que dejar el colegio antes de llegar a los 10 años. Jerónima un poco antes, apenas tenía 8, pero no hay dolor en ese recuerdo. "Fui al colegio poco tiempo, pero aún me acuerdo de la maestra, Doña Vicenta. Luego aprendí a trillar, a segar, a usar bien la hoz, a darle al torno, a ayudar a hacer el pan...", rememora.
El pan es, de hecho, uno de sus recuerdos más vivos. Dice que "lo hacían para 15 días, panes redondos de más de dos kilos de peso que guardaban en un arcón y tapaban con mantas para que durara más tiempo fresco".
Fernando es "autodidacta, funcionario, 43 años trabajando en el mismo sitio", el que ganó "por oposición, y por oposición también el ascenso". "He aprendido sobre todo de la gente", confiesa él, y luego, cogiendo carrerilla, añade que "Dios lo eligió para hacer el bien". Su mujer lo mira mientras habla, en silencio, porque ya se le ha olvidado que ella también quería participar de la conversación. Se llama embelesamiento. Lo grandioso es que la sensación no se haya pervertido con el paso de los años.
A ella le gustan los macarrones con chorizo, a él la sopa de farigola, que es tomillo en catalán y que él mismo se encarga de preparar. Cuenta su hijo Jacinto, el tercero de sus hijos (los dos primeros se murieron) que los dos continúan manejando su propio dinero y que, a veces, cuando les acompaña a actualizar la cartilla, le sorprenden con frases como: "Este mes tengo que sacar un poco más, porque es el cumpleaños de un nieto".
A sus 97 años, Fernando comienza la jornada con su gimnasia, "50 ejercicios con cada pierna, después cruza las dos y hace 100 ejercicios más, 200 en total porque le gusta hacerlo, porque se lo pide el cuerpo". Jerónima no puede evitar una ligerísima carcajada, mitad socarrona mitad tierna, cuando advierte de que "los hace desde la cama".
"Mentalmente he sido una persona pacífica", se describe él. Cuenta su hijo que, en los últimos años, han visitado Asturias Las Navas del Marqués, lugares en los que Fernando vivió la Guerra Civil, de la que mucho habla pero con sentido común y, como él dice, mente pacífica. Recuerda la nieve en las trincheras, pero también la nevada del 9 de enero de 1941, el día en el que se casó con Jerónima. Cuando España sopesaba entrar en la II Guerra Mundial y a Fernando le mandaron a cuarteles, dijo muy claro: "Yo sin mi esposa no me voy a ningún lado".
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