Nuestra hora

Esta es la hora de los trabajadores. A él van dirigidas las políticas económicas que cercenan sus derechos.
A él se lo priva de lo esencial, como es el pan para su familia, a la vez que pierde día a día el camino trazado por nuestra Constitución Nacional, siendo empujado a la marginalidad, a la desocupación o precaridad de sus salarios. Años de lucha en sus conquistas se ven ensombrecidos por la falta de justicia social. Por eso debemos ponernos de pie, parados sobre nuestra dignidad de argentinos trabajadores para impedir estas acciones nefastas para nuestra nación.

viernes, 30 de noviembre de 2012

La angustia que me acompaña

"Tu vida es un tango", habría dicho una vez, alguien de mí...y puede ser. La angustia es un sentimiento que me persigue, pero más profundamente aún que cualquier otro tipo de sentimiento que puede llegar a ser innato en nosotros, como el amor o el odio.
La angustia es circunstancial, se "despierta" cuando algo o alguien lo provoca, y puede no ser una provocación directa y del momento...sino también, una provocación que venga de mucho tiempo atrás.
A veces, suele confundirse con la melancolía, ya que juntas se potencian y hacen de tu vida un cristal roto en mil pedazos...
Pero la melancolía es distinta. Es la añoranza de los viejos tiempos, que incluyen viejos amores, amigos, épocas, momentos, etapas, pérdidas, éxitos y fracasos. La angustia podría considerarse como la "segunda etapa" de la depresión. Primero, surgirían los pensamientos melancólicos, el querer que algo o alguien vuelva a nuestras vidas, lo que provoca, en un estadio más intenso del problema, la angustia que surge al darnos cuenta que jamás sucederá... Se representa con fuertes dolores en el pecho, en el estómago, ganas de llorar, dolor de cabeza, bronca, impotencia, desgano, etc. Estas expresiones nos resultarán conocidas, pero no todos los días lloramos, no todos los días sentimos bronca u odio.
Es increíble cómo todo esto junto, lo puede producir una persona...o una situación abstracta y pasada. Pero es parte de la vida, y siento que cada  día que pasa, caigo un poco más a la realidad, y me doy cuenta, de lo difícil que es abandonar una situación cómoda y "estable", por temor a la soledad y a los cambios...de nuevo.
Cuando uno ya vivió una situación similar, y tiene que volver a enfrentarla, no caben dudas que  el temor va a ser mayor, porque ya conocemos lo que sucederá...todos los pasos...Por eso, ¿cuál es la solución? dejárselo a la "buena de Dios" y que Él decida? o tomar coraje y decidir por nosotros mismos?
No estoy segura.
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