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Consignas de mujeres

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Por qué muere el Amor?

"Siempre los hombres matan lo que aman!Con miradas de odio matan unos,con palabras de amor los otros matan (...)Unos matan su amor cuando son jóvenes,otros matan su amor cuando son viejos(Algunos aman demasiado corto,algunos aman demasiado largo"
                                                     Balada de la Cárcel de Reading- Oscar Wilde


“No te quiero más”; “la relación se estancó”; “necesitamos un tiempo”; frases que hoy en día, son moneda corriente en las parejas argentinas. Intolerancia, falta de comprensión, de apoyo y de respeto, conforman el infinito número de cualidades negativas que caracterizan a hombres y mujeres. El contexto social, cultural y económico, ¿es determinante? ¿Por qué no podemos continuar una relación estable? ¿Nuestro entorno familiar, de amistad o laboral, nos induce a terminar? ¿Por qué se acaba el amor?

El amor, es considerado uno de los pilares fundamentales para el sostén de cualquier tipo de relación afectiva, pero, ¿por qué no dura para siempre? Ustedes dirán “a un hijo se lo ama para toda la vida”. Pero tratándose de un amor de pareja, el sentimiento varía con el tiempo deviniendo, por un lado, en un cariño fiel y compañero y por otro, en un inesperado desamor. La atracción inicial entre dos personas, producto de un primer contacto visual con el otro, lleva a la confusión de ¿esto es amor? Comencemos desde un principio. Así iremos descubriendo paso a paso qué factores son determinantes en el desamor, y de esta manera, tratar de evitarlo y continuar encendidos como aquella primera vez…

El enamoramiento o “amor romántico intenso precoz” como ha sido estudiado en la neurobiología está asociado con el aumento de un neurotransmisor (el neurotransmisor es una molécula utilizada para que dos células del sistema nervioso se comuniquen entre sí) denominado Dopamina en la vía de Motivación y Recompensa. La activación de esta vía cumple con la función de elegir la pareja y funciona secuencialmente con los circuitos de sexualidad. El Doctor Roberto Rosler, neurocirujano y docente en la Facultad de Medicina de la UBA, agregó que “cuando la Dopamina está aumentada, como cuando estamos “enamorados”, sentimos que nuestra pareja es perfecta, que no tiene defectos, que el sol brilla sólo para nosotros, los “pajaritos cantan, etc.” Será por ese motivo, que la idealización del Otro como un ser único e irrepetible, en muchos casos nos lleva a una “ceguera” imposible de revertir cuando ya es demasiado tarde. Asimismo, Louann Brizendine, en su libro “El Cerebro Femenino”, advierte que “enamorarse es una de las conductas o estados más irracionales en hombres y mujeres. El cerebro se vuelve “ilógico; es un estado involuntario. Esa suerte de amor convive en los circuitos cerebrales con estados de obsesión, manías, embriaguez, sed y hambre”. Esto explica el comportamiento de las parejas en los primeros meses de la relación: Anhelan el sentimiento extasiado de estar juntos y pueden sentirse totalmente dependientes el uno del otro.

Pero, ¿cuánto dura este “amor apasionado”? Algunos estudios muestran que este estado cerebral dura más o menos de seis a ocho meses. Es un estado tan intenso, que el interés, el bienestar y la supervivencia de la persona amada se hacen más importantes o más que los propios. Lamentablemente, esto es sólo el principio…

Desde la ciencia se realizó un estudió tomando como muestra a un grupo de parejas desde el inicio de su relación y qué es lo que sucedía a medida que el tiempo transcurría. El hallazgo fue que la Dopamina, con el paso del tiempo, se liberaba en cantidades menores ante la presencia del ser amado. También se observó que las respuestas de los circuitos neuronales de la sexualidad eran menos intensas. Esto explica por qué a medida que transcurre el tiempo, la costumbre de estar con el otro, la rutina diaria de actividades, y la comodidad, llevan a “estancarnos” en la relación sin tener que preocuparnos ya por el acto de seducción o conquista, lo que trae aparejado en varias oportunidades, rupturas, desgaste o “espacios de tiempo” en la relación. Por otro lado, Brizendine, asegura que “el viraje desde el amor apasionado a un pacífico lazo de pareja tiene una explicación sensata. No es un signo de enfriamiento del amor sino de su evolución hacia una fase nueva, más sostenible a largo plazo, con vínculos creados por dos neurohormonas, la vasopresina y oxitocina”.

Pero también hay un problema de fondo, que es el origen de los comportamientos tan incoherentes en ambos sexos, lo que dificulta sostener una misma postura a largo plazo, e incluso, un mismo sentimiento. Me refiero a la distinción biológica (por ende, natural) entre un hombre y una mujer. Rosler afirma que existen diferencias cognitivas entre ambos sexos que “deben ser comprendidas para que las mujeres no las malinterpreten y no sean la causa de discusiones y de falsas interpretaciones”. Al mismo tiempo sostiene que “existe claramente un contraste entre un fenómeno biológico – instintivo (el enamoramiento) y un fenómeno montado entre lo biológico y lo cultural (el amor)”.

Con respecto a esto último, se distinguen dos características propias de cada género. Según la psicóloga Pilar Sordo, en su primer libro “¡Viva la Diferencia! (…y el complemento también)” los hombres tienden a “soltar”, mientras que las mujeres a “retener”. Es por eso que a ellos, en su mayoría, no les resulte para nada complicado tener que romper con sus parejas. En cambio, a un gran porcentaje de mujeres les provoca terror la idea de terminar una relación. Sordo, utilizando un ejemplo tan real como imposible de evitar, como es el de la temida celulitis femenina, asiente que “la mujer está diseñada para retener líquido en mayor proporción que los hombres. También con el “retener” se distinguen conductas propias de la vida cotidiana como guardar alimentos pensando que los podremos volver a utilizar, no tirar los papeles de la cartera o traerla siempre llena de cosas “por si acaso”, etc.

En el hombre, en cambio, "es natural la liberación y la capacidad de desprenderse y soltar los procesos; de hecho, un hombre no puede generar vida si sus espermas no salen de él, y una mujer no puede generar vida si no tiene la capacidad de retener a un bebé dentro de sí misma”. Además, “los hombres producen millones de espermas que se renuevan constantemente mientras que las mujeres producen unos cientos óvulos durante toda su vida. Por lo tanto los óvulos son caros, la esperma es barata y en consecuencia los hombres tienen el impulso de desparramar y la mujer de cuidar. Esto explica por qué el hombre tiene la “pulsión” a relaciones cortas cuyo “centro de gravedad” es el sexo (“hit and run” dicen los estadounidenses) mientras que las mujeres se preocupan (y ocupan) más en buscar una relación estable basada en el cariño, el apoyo, etc.” agregó Rosler.

Es por esa razón que la intolerancia se ha vuelto una característica casi innata en el sexo masculino hasta el punto tal, que el más mínimo detalle concerniente a tareas domésticas puede provocar una tercera guerra mundial. En cambio, las mujeres nos caracterizamos por la paciencia, la comprensión y el silencio. Tenemos todo el tiempo del mundo para esperar un cambio en el otro, cegándonos a una realidad irremediable que nos causa impotencia por no poder ser autoras de ese cambio, pero queremos creer que “con amor todo es suficiente”. No existe frase más acertada en relación al amor que aquella que dice “amar es darle al otro la oportunidad de destruirte creyendo que no lo hará”.

Para enriquecer la búsqueda de una definición más clara del amor, el escritor, periodista y psicólogo Luis Buero dice que “el amor es algo así como un autoengaño, que se ve que no es eterno. Uno tarde o temprano descubre que el otro no era el Otro, sino un “otrito”, y que hay otros “otros” posibles que pueden satisfacer mejor nuestro agujero espiritual. Ese es un nuevo engaño, pero funciona, y vamos de pareja en pareja soñando encontrar lo inhallable, aunque algunas funcionan mejor que otras. Pero el objeto primordial, la nave madre, el padre simbólico, están perdidos para siempre”. Pero no todos ven al “otro” como alguien incapaz de satisfacer en uno sus pretensiones personales, hay casos (y los hay), en los que todavía se cree en el amor para toda la vida. Hay quienes piensen que “amores eran los de antes”, o que "sólo le sucedió a nuestros abuelos", pero es cierto que hoy en día, hay quienes apuestan a una consolidación afectiva en pos de una vida juntos. De lo contrario no habría casamientos o uniones civiles, aunque la cifra de parejas consolidadas legalmente es proporcional a la de parejas divorciadas. Actualmente, miles de mujeres de treinta años o más están solteras porque no encuentran un hombre con serias pretensiones. Pero también es cierto que un gran porcentaje de hombres y mujeres han decidido emprender el camino de la soledad o las relaciones ocasionales carentes compromiso ¿por qué? Buero, considera que "los hombres son “especiales” a la hora de comprometerse" y agrega “siempre le tuvieron miedo al casamiento, por todo lo que implica -más allá de la obligación de fidelidad-. Pero los hombres de mi generación y las anteriores estábamos obligados a crecer y ser hombres. Una vez cumplido el servicio militar a los 21 años, había que tener novia, casarse, tener hijos, etc. Todas esas bodas, de los últimos 30 años, sucumbieron 20 años después. Las anteriores no porque en la época de mis abuelos el divorcio no existía ni como posibilidad. Hoy no hay servicio militar ni mandatos, la adolescencia es eterna y a ningún tipo le preocupa ser un “loser” toda su vida. Salvo cuando empieza a envejecer y siente miedo de morirse solo. El miedo al compromiso es el temor a la pérdida de la identidad”.

Por último, otra realidad que influye inconscientemente en las mentes humanas y que en épocas de antaño no sucumbían ni atormentaban a las mujeres y a los hombres tan ferozmente como hoy, es el mundo de la publicidad en los medios de comunicación de masas y su difusión (en su gran mayoría) de anti-valores referidos al compromiso, a una relación estable, al matrimonio y a la institución de la familia. Los valores que se propagan, son las relaciones ocasionales, o los más conocidos “touch and go”, la exposición de “bombas sexuales”, que definen a manera de imposición un modelo de mujer a seguir, el sexo sin compromiso, y un mensaje explícito: “disfrutá cada día como si fuera el último. No te enganches. No te pongas de novio/a y no te cases”. Ejemplos de esto, se hallan en las frases que más resonaron en los últimos meses como “cortá con lo dulce”, “basta de ositos”, “terminá con tu ex”, “NO a la amistad entre el hombre y la mujer”, etc. Por lo tanto, ¿Qué hubiese sucedido si en la época de nuestros abuelos o padres la publicidad les hubiera ordenado qué hacer con sus vidas? Seguramente nosotros/as no estaríamos aquí.

Por otro lado, algunas Teorías de la Comunicación advirtieron en su momento, que la persuasión de los medios es altamente efectiva en aquellos individuos con un nivel educativo y social bajo, a diferencia de aquellos con altos niveles económicos y de educación, pero actualmente, son los más acomodados los que, dueños de los monopolios de los medios, y en especial, de las agencias de publicidad, imponen mensajes destructivos en la esfera emocional. Entonces, no hay un desamor voluntario, sino un desamor determinado por el contexto socio-cultural y económico, al que responden los hombres y mujeres actuales. Paralelamente el factor económico y sus derivados, como la falta de trabajo de uno de los dos convivientes, lo que, en muchos casos, impide o limita el acceso a una vivienda en común, o la concreción del tan anhelado proyecto de “vivir juntos”, dificulta, pero no por eso impide, una relación estable. Y por último, la tan criticada pero en fin, necesaria globalización, puso en jaque a las relaciones a largo plazo. Con la llegada de internet, las parejas se vieron al descubierto y su fidelidad, que en otras épocas hubiese sido inquebrantable, hoy, está en cuerda floja. Miles de parejas encuentran un “Plan B” en las redes sociales, y una escapatoria a sus situaciones maritales. Un estudio reveló que Facebook provocó la ruptura de más de miles de parejas en el 2010. Una cifra que atormenta pero no asombra. Por ese motivo, es necesario ser persistentes y resistentes en nuestros sentimientos y no dejar ablandarnos por nuestro entorno más cercano, ni por la publicidad, ni por las presiones, y ni por las opiniones de los demás. El amor existe, de eso no hay duda, y si creemos en eso, podemos lograr que dure para toda la vida.



Periodista: Aylin Pappano

Gracias a Luis Buero, al Dr. Roberto Rosler y a la periodista Clarisa Ercolano por su aporte.





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